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Feb
08

Panorama del teatro entre 1936 y 1975

Características

Recién acabada la guerra, autores nuevos y dramaturgos de experiencia en el pasado conviven en los escenarios con argumentos que evaden la realidad, que frivolizan los conflictos sentimentales, que resuelven amablemente dramas de honra y honor, o que hacen un teatro atento a provocar la risa gratuita.

El gran género del momento es el Torradismo, un género cultivado principalmente por Alfonso Torrado, que es el patrocinador de toda una corriente dramática cuyos efectos perviven hasta nuestros días, siendo uno de los autores que mejor encarnan esas corrientes teatrales que se ven refrendadas por una asistencia masiva de espectadores.

El teatro convencional (con unos mínimos de dignidad artística y literaria) se desarrolla también desde el fin de la guerra, y aunque no alcance cotas estéticas elevadas, rehuye las torpes formas de la astracanada y del populismo sentimental, convirtiéndose en el género característico de las clases medias desde los años cuarenta, clase de cuyos problemas va a hablar este tipo de teatro, además de procurar entretenerlas o divertirlas.

El teatro realista es una corriente del teatro español que se extiende desde finales de los años cuarenta hasta finales de los años sesenta. Este teatro encuentra grandes dificultades para su representación a causa del propósito político que lo inspira.

Hacia finales de los años sesenta se produce una reacción contra los supuestos estéticos de la generación realista. Este fenómeno no entraña ni una desaparición de la estética social ni un retorno a las antiguas formas evasivas, hay ruptura en la forma de concebir el teatro, y no afecta al contenido y sentido único que en esencia es el mismo: una visión negativa, muy crítica de la sociedad contemporánea.

Autores

José María Pemán

José María Pemán (1898-1981) es el más antiguo cultivador del teatro de todos los autores de esta época, pues en 1939 ya había producido once obras.

Muchas piezas son una mezcla del modelo formal benaventiano y de ecos depurados del costumbrismo a lo Quintero, algunas pueden adscribirse al drama de tesis, y no pocas combinan este con la comedia de costumbres.

Por la virgen capitana (1940) lleva al escenario el entusiasmo político de los vencedores en aquellas épocas inmediatas a la contienda. Pemán mezcla recursos melodramáticos con elevadas dosis de exaltación patriótica y político-histórica.

Metternich (1942) es una esquematizada biografía del canciller austríaco. Callados como muertos (1952) destaca como una de sus piezas de tesis. Felipe II. Las soledades del rey (1958) es un drama histórico.

Después se produce un progresivo abandono por parte de Pemán del teatro comprometido de los años treinta y cuarenta, siendo sustituido por una comedia más amable de tono costumbrista. Este tipo de comedia le ha proporcionado grandes éxitos, con obras como Los tres etcéteras de don Simón (1958), La coqueta y don Simón (1960) y La viudita naviera (1960).

Enrique Jardiel Poncela

Enrique Jardiel Poncela (1901-1952) vive la literatura como una experiencia total y, en cierto modo, incontaminada de los acontecimientos del día, lo que no quiere decir que se trate de una literatura evasiva, ya que su análisis tiene una lección negativa del hombre moderno, más allá de componentes ideológicos o políticos muy concretos. Siendo adolescente escribe muchas comedias que luego desautoriza, y cuando fallece tenía planeadas cerca de cincuenta nuevas piezas.

Su teatro antes y después del conflicto no ofrece cambios significativos y se presenta como un todo continuo y coherente, con algunas de sus mejores obras situadas antes de 1936 y otras después de esa fecha. Tras la guerra civil estrenó obras como Eloisa está debajo de un almendro (1940), El amor sólo dura 2000 metros (1941), Los ladrones somos gente honrada (1941), Madre (el drama padre) (1942), Blanca por fuera y Rosa por dentro (1943), Tu y yo somos tres (1945) y Como mejor están las rubias es con patatas (1947).

La novedad del teatro de Jardiel Poncela procede de su insobornable propósito de regeneración escénica y se realiza no tanto en la temática cuanto en el tratamiento que da a ésta, y en la libre concepción del espacio escénico. En lo que respecta a los temas, destaca la escasa variedad de motivos y su preferencia por asuntos amorosos.

Miguel Mihura

Miguel Mihura (1905-1979) fue siempre un hombre de teatro, aunque sus estrenos sólo adquieren regularidad a partir de los años cincuenta. Tres sombreros de copa (1932) fue la primera obra de Mihura, y merece una consideración completamente independiente del resto de sus obras.

Sus siguientes obras fueron escritas en colaboración con otros autores: ¡Viva lo imposible! (1939), Ni pobre ni rico sino todo lo contrario (1943) y El caso de la mujer asesinadita (1946). En estas obras escritas como colaborador de otros autores, Mihura explora las posibilidades de un nuevo humor y apunta hacia formas del teatro del absurdo, por lo que no tiene el éxito necesario para instalarse en una línea vanguardista e innovadora.

En 1953 reanuda su labor de escritor (en esta ocasión en solitario) con una insobornable actitud de renovación, intentando conciliar con ciertas concesiones al público y a los empresarios, lo que le impide seguir el tono teatralmente revolucionario de Tres sombreros de copa. En este periodo publicó las obras El caso de la señora estupenda (1953), A media luz los tres (1953), Sublime decisión (1955), Mi adorado Juan (1956), Melocotón en almíbar (1958), Maribel y la extraña familia (1959), La bella Dorotea (1963), Ninette y un señor de Murcia (1964) y La decente (1968).

Joaquín Calvo Sotelo

Joaquín Calvo Sotelo (1905-1993) comenzó su labor como escritor ya en los años treinta, durante los cuales estrena media docena de obras en la línea de la pieza bien hecha, que es la que sigue cultivando con posterioridad dentro de dos grandes géneros: la comedia de tono humorístico y el drama de ideas.

La comedia de tono humorístico es representativa de un teatro de evasión, convencional, amable y entretenido; sin que por ello deje de estar ausente una crítica burguesa. Pertenecen a este género La visita que no llamó al timbre (1949), Una muchachita de Valladolid (1957), Cartas credenciales (1960) y Micaela (1962).

El drama de ideas es el género que más éxitos le ha dado y posiblemente el que mejor lo caracteriza. Pertenecen a este género obras como Criminal de guerra (1951), El jefe (1952), La muralla (1954), Historia de un resentido (1956), La ciudad sin Dios (1957) y La herencia (1957). También ha hecho un teatro histórico de tipo serio en El proceso del arzobispo Carranza (1964).

Joaquín Calvo Sotelo plantea cuestiones que tocan de cerca a la sensibilidad de las gentes de nuestro tiempo, tratadas con honradez y algo de temor desde una óptica conservadora. El tema del poder y el ejercicio de la autoridad, la injusticia y la innovación, la muerte de un inocente, la generación de la guerra y la posguerra son algunos de esos motivos.

Juan Ignacio Luca de Tena

Juan Ignacio Luca de Tena (1897-1975) comparte la concepción teatral de la pieza bien hecha, representativa del grupo de dramaturgos que escribió durante este periodo, y frecuenta la comedia de evasión y la comedia de tesis. Plantea con aire nostálgico temas que afectan a clases altas y se desentiende de preocupaciones más del día y de sectores sociales mayoritarios.

Las obras que realizó en este periodo son Dos mujeres a las nueve (1949), El cóndor sin alas (1951), Don José, Pepe y Pepito (1952), ¿Dónde vas, Alfonso XII? (1957), ¿Dónde vas, triste de ti? (1959), Las chicas del taller (1963) y El rey de las finanzas (1972).

José López Rubio

José López Rubio (1903-1996) basa su obra en el alejamiento de la realidad transformada por una visión entre poética, imaginativa y fantástica del mundo; que rehuye el simple documentalismo. Plantea con frecuencia cuestiones sobre los límites de la vida y de la literatura, la fantasía y la realidad, e incorpora la ficción y el teatro en el propio teatro. La obra de López Rubio tiene una gran calidad literaria del texto, y una expresividad de un diálogo puramente teatral y vivo.

Sus obras dentro de este periodo son Celos del aire (1950), Veinte y cuarenta (1951), Cena de Navidad (1951), Una madeja de lana azul celeste (1951), El remedio en la memoria (1952), La venda en los ojos (1954), La otra orilla (1954), Las manos son inocentes (1958) y Nunca es tarde (1964).

Antonio Buero Vallejo

Antonio Buero Vallejo (1916-2000) lucho durante la guerra civil en las filas republicanas, siendo encarcelado y condenado a pena de muerte (pena que finalmente fue conmutada).

Sus obras se clasifican en tres periodos diferenciados:
-Primer periodo, que engloba las siguientes obras: Historia de una escalera (1949), Las palabras en la arena (1949), En la ardiente oscuridad (1950), La tejedora de sueños (1952), La señal que se espera (1952), Casi un cuento de hadas (1953), Madrugada (1953), Irene o el tesoro (1954), Hoy es fiesta (1956), Las cartas boca abajo (1957).
-Segundo periodo, que engloba las siguientes obras: Un soñador para mi pueblo (1958), Las meninas (1960), El concierto de San Ovidio (1962), Aventura en lo gris (1963), El tragaluz (1967), Mito (1967).
-Tercer periodo, que engloba las siguientes obras: El sueño de la razón (1970), Llegada de los dioses (1971) y La fundación (1974).

Como dramaturgo social ha sabido dar testimonio de crudas realidades de nuestro tiempo, pero no ha utilizado una estricta estética de realismo crítico o socialista. Para dar una visión de la naturaleza humana ha acudido con frecuencia a limitaciones físicas (ceguera, sordera) y a espacios reales (escalera, sótano) aunque simbólicos. Ha acudido a la historia no porque le interese el drama, sino porque puede recrear un problema intemporal. Sus variaciones técnicas y formales, además de sus diferentes temas y motivos, remiten a una consideración humanista del hombre.

Alfonso Sastre

Alfonso Sastre (1926) coincide en el propósito de alcanzar la realización de un drama trágico contemporáneo, aunque las constantes dificultades que ha encontrado para llevar sus piezas a los escenarios (unido a la censura y al rechazo de los empresarios) han impedido que muchas de ellas se llegaran a representar.

El tema de la revolución es recurrente en su obra, y puede observarse en obras como El cubo de la basura (1951), Prólogo patético (1953), La mordaza (1954), Tierra roja (1954), Muerte en el barrio (1955) y Guillermo Tell tiene los ojos tristes (1955).

Escuadra hacia la muerte (1953) es un drama en el que se muestra la visión trágica de Sastre del lugar del hombre sobre la tierra.

Asalto nocturno (1955) investiga como se genera y transmite la violencia a través de las generaciones, mientras que La cornada (1959) es uno de los más perfectos y expresivos dramas de Sastre.

Lauro Olmo

Lauro Olmo (1922-1994) buscaba la transformación de la sociedad mediante la literatura. Su mayor éxito fue La camisa (1962), obra en la que se propone llevar a la escena el conflicto de la tensión suscitada por dos motivos contrapuestos: la injusticia social que padece el obrero y el fortísimo apego sentimental a la tierra (al lugar natal).

Otras obras de este periodo escritas por Olmo fueron La pechuga de la sardina (1962), El cuerpo (1966) y English Spoken (1968).

Carlos Muñiz

El teatro de Carlos Muñiz (1927-1994) es eminentemente crítico y comprometido, y se ha centrado en la denuncia de tipos próximos a las clases medias y humildes de profesiones administrativas. En el conjunto de sus obras cultiva tanto el naturalismo como el expresionismo.

Sus obras más destacadas fueron Telarañas (1955), El grillo (1957), El tintero (1961), Un solo de saxofón (1963), El caballo del caballero (1965), Miserere para medio fraile (1966), Las viejas difíciles (1967), Los infractores (1969) y Tragicomedia del Serenísimo Príncipe don Carlos (1974).

José Martín Recuerda

José Martín Recuerda (1925-2007) evoluciona fuertemente desde unos principios realistas hasta otras formas artísticas.

Su primera obra de teatro fue La llanura (1954). A esta obra le siguen otras como El teatrito de don Ramón (1958), Las salvajes en Puente San Gil (1963), Las arrecogías en el beaterio de Santa María Egipciaca (1970) y El engaño (1972).

José María Rodríguez Méndez

El teatro de José María Rodríguez Méndez (1925) durante este periodo se caracteriza por un realismo crítico naturalista.

Sus obras principales son Vagones de madera (1959), Los inocentes de la Moncloa (1961), El círculo de tiza de Cartagena (1963), La vendimia de Francia (1964) y La batalla de Verdún (1969).

Alfonso Paso

Alfonso Paso (1926-1978) es el autor más representativo del teatro conformista y de enorme éxito, con una obra teatral incesante y copiosísima que alcanza una cifra total de cerca de dos centenares de piezas.

Obtiene su primer éxito con la obra Una bomba llamada Abelardo (1953). En esos años además forma parte del grupo “Arte Nuevo”, que es una asociación juvenil de protesta y renovación teatral. La actitud inconformista de Alfonso Paso va contra la degradación teatral de aquellos años y exige una renovación tanto en los contenidos como en las formas.

La misión de Paco será la de notariar su contemporaneidad y para ello se centrará en la burguesía acomodada; clase con sus taras, defectos, mojigaterías y estupideces, pero también llena de virtudes. Si durante un primer periodo se interesa por las limitaciones de esa mesocracia española, luego prevalecerán las virtudes.

Después de Una bomba llamada Abelardo (1953) publicó Cuarenta y ocho horas de felicidad (1956), Los pobrecitos (1957), Usted puede ser un asesino (1958), Receta para un crimen (1959), Preguntan por Julio Cesar (1960), La boda de la chica (1960) Buenísima sociedad (1962), La corbata (1963) y Los peces gordos (1965).

Fernando Arrabal

Una tendencia completamente personal y solitaria es la practicada por Fernando Arrabal (1932). En los orígenes literarios de Arrabal se da una relación algo tardía con el movimiento postista, también nos indica su aproximación a un humorismo crítico. Kafka fue una gran influencia para Arrabal.

Arrabal hace su literatura al margen de la sociedad. Por ello en su producción se pasa de la presencia agobiante de la soledad, de la incomunicación, del sinsentido de la vida al ataque y al intento de demolición de las estructuras morales y organizativas de la sociedad. Este proceso está condicionado por la evolución ideológica de Arrabal.

El teatro de Arrabal se agrupa en periodos diferentes:
-El teatro de exilio y ceremonia engloba sus primeras obras: Pic-nic (1952), El triciclo (1953), Fando y Lis (1955), Ceremonia por un negro asesinado (1956), El laberinto (1956), Los dos verdugos (1956), Oración (1957) y El cementerio de automóviles (1957).
-El teatro pánico se caracteriza por la búsqueda formal así como por la utilización de elementos surrealistas en lo que al lenguaje se refiere. Sus obras de este periodo son: Orquestación teatral (1957), La princesa (1957), Los cuatro cubos (1957), La primera comunión (1958), Concierto en un huevo (1958), El strip-tease de los celos (1963), Ceremonia para una cabra sobre una nube (1966), La juventud ilustrada (1966) y ¿Se ha vuelto loco Dios? (1966).
-El teatro del yo y el mundo, en el que el autor indaga su estar en un determinado entorno social. Sus obras de este periodo son: El gran ceremonial (1963), La coronación (1963), El arquitecto y el emperador de Asiria (1966) y El jardín de las delicias (1967).
-El teatro del yo en el mundo indaga el compromiso del escritor con la sociedad. Dentro de este periodo se engloban las siguientes obras: La aurora roja y negra (1968), …Y les pusieron esposas a las flores (1969), La guerra de mil años (1971), Jóvenes bárbaros de hoy (1974), La balada del tren fantasma (1975) y Oye Patria mi aflicción (1975).

José Ruibal

José Ruibal (1925) parte de una radical actitud renovadora que responde a un explícito deseo de escribir contra el público, lo cual implica un valor ético y un propósito de no degradar al espectador.

La consecuencia de esto es la dificultad de llevar sus piezas a los escenarios, y la segunda consecuencia la dificultad en la comprensión total de algunas de sus obras.

Su producción teatral en este periodo fue El asno (1962), Los mutantes (1969), Currículo vitae (1970), El mono piadoso y seis piezas de café-teatro (1969), La máquina de pedir (1970) y La ciencia de birlibirloque (1970).

Luis Matilla

Buena parte de las obras de Luis Matilla (1939) son piezas breves, que se prestan a una visión crítica de la realidad. En el teatro de Matilla existe (bajo formas que acogen no solo la farsa, sino el absurdo) un propósito de denuncia.

Luis Matilla es uno de los dramaturgos que con más constancia han trabajado en la creación colectiva como un medio de renovación teatral.

Sus obras teatrales durante este periodo fueron Funeral (1968), El hombre de las cien manos (1969), El observador (1969), El adiós del Mariscal (1970), El piano (1970), El Fernando (1972) y Parece cosa de brujas (1975).

Domingo Miras

La obra de Domingo Miras (1934) es corta, debido principalmente a su entrada tardía en el mundo de la escena. Miras escribe principalmente versiones de clásicos griegos e hispanos. Sus obras en este periodo son La Saturna (1974) y De San Pascual a San Gil (1975).

Luis Riaza

La obra de Luis Riaza (1925), compuesta de piezas cortas y largas, ha sido frecuentemente estrenada en teatro comercial, obras en las que el interés formal y el sentido crítico se alían.

Los elementos típicos de su obra son la indiferenciación sexual de sus personajes, la acumulación de objetos en el escenario, la frecuente presencia de animales, un desgarramiento lingüístico y algunos fragmentos de texto en verso. A estos elementos hay que añadir la aportación del propio autor de una reflexión (paródica o crítica) sobre el propio teatro.

Sus obras en este periodo son Las jaulas (1969), Representación del Tenorio a cargo del carro de las meretrices ambulantes (1973), El desván de los machos y el sótano de las hembras (1974) y Drama de la dama que lava entre las llamas blancas (1974).

Miguel Romero Esteo

Miguel Romero Esteo (1930) es un dramaturgo verdaderamente revolucionario por su concepción de la pieza teatral, que supera las barreras convencionales y admitidas en la historia de los espectáculos occidentales.

La mayor parte de sus obras oscilan entre doscientas y cuatrocientas páginas, alguna tiene más de cien personajes, y su representación se prolongaría durante siete u ocho horas. Además, destierra la concentración anecdótica, suprime la progresión temática, elimina el concepto habitual de personaje y prescinde del sentido comunicativo e informativo del lenguaje.

Sus obras dentro de este periodo son Pasodoble (1973) y Paraphernalia de la olla podrida, la misericordia y la mucha consolación (1975).

Francisco Nieva

Francisco Nieva (1927) empezó a escribir un teatro irrealista que no pudo estrenarse en un contexto de predominio de las formas de testimonio social. En París empieza su dedicación a la escenografía.

Su obra se agrupa en dos grandes tendencias:
-Teatro de farsa y calamidad: A esta tendencia pertenecen sus obras Tórtolas, crepúsculo y… telón (1972), El rayo colgado y peste de loco amor (1975), El paño de injurias (1975) y El baile de los ardientes (1975).
-Teatro furioso: A esta tendencia pertenecen sus obras Es bueno no tener cabeza (1971), Pelo de tormenta (1973), La carroza de plomo candente (1973), El combate de Opalos y Tasia (1973), El fandango asombroso (1973), Nosferatu (1975) y Coronada y el toro (1975).

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